jueves, 8 de noviembre de 2007

Mujer, luego madre


Pues como había las que fueron y todavía son, hay otras que no son, como las que les voy a contar. Resulta que había una mujer que era hermosa y deseada, era la más femenina de todas. Pero ella no se sentía feliz, porque ella deseaba ser madre. Los hombres de su tiempo solamente la deseaban, por lo que no podía quedar encinta. En aquella sociedad, las mujeres quedaban embarazadas solamente cuando había amor. Todas las noches, la mujer lloraba amargamente y rogaba al infinito que le permitiera ser madre.

Un día apareció un correo en su bandeja de entrada, sin embargo estaba en la sección de spam, por lo que ella estaba indecisa de abirlo. Sin embargo era un hermoso sobre dorado que parpadeaba constantemente en su monitor, por lo que no pudo más y cedió ante el parpadeo. Era de esperarse, un virus. ¡Qué tragedia, justo cuando había vencido el Norton! Entonces ocurrió un evento sumamente extraño, el virus ingresó al cuerpo de la mujer al estripar la tecla enter, justo a través del dedo índice derecho.

Fue así como la mujer quedó inmediatamente encinta. ¿Uds se preguntarán cómo, si los embarazos debían ser frutos del amor? Resulta que ese virus era la conjunción de todos los amores de los chats, que resultaban ser virtuales, nunca se concretaban.

Nueve meses transcurrieron, y la mujer había disfrutado de cada momento de su embarazo, inclusive había invertido todo su dinero en las cosas del bebé (pañales, ropita, cochecito, cuna, mecedora, cambiador, silla de comer, chupones, gorritos, escarpines, cremas, etc, etc, etc.). Se sentía alagada, combatiría esa soledad abrumadora que le enrrojecía los ojos por las noches y le mojaba sus pestañas.

Fue así como nació niña. Y cual sería la suerte que salió hermosa y deseada como la madre. Menuda tristeza verla crecer siendo violentada, maltratada y recibiendo los más descarados piropos que rompieron su inocencia y arruinaron su niñez. Pero bueno, la historia de la niña no viene al caso.

La mujer, después del parto, tuvo una monstruosa menstruación de seis meses. La sangre obstruyó completamente las cañerías con un gigantesco grano roñoso, que provocó un olor permanente a muerte. Un día, exactamente seis meses después del parto, el sangrado cesó. Inmediatamente después quedó encinta de nuevo. El virus se reproduciá vertiginosamente en su ser, el amor virtual acaparaba las relaciones humanas. La mujer llegó a tener 22222222222222222222222.2 hijas, antes de morir ahogada en su propia menstruación. De ellas solamente una sobrevivió, y pobló el mundo durante un tiempo limitado.