martes, 8 de enero de 2008

Perdon a las musas... para las que me rodean

La musas quisieron hacer una explosion de alegria en el cielo, y dios se sintió asustado. Fue así como en un va y ven de tronares las tomó a la fuerza y las encerró en el lugar más lejano, para que nadie las pudiera escuchar.
El mundo se tornó caótico, tenebroso, el sol no salía... no había inspiración alguna. Las cosas fueron autómatas de una deidad demoníaca que los ataba al miedo, al eterno silencio. Entonces dios se sintió defraudado de si mismo, de sus errores, de sus malas decisiones. Callar no era la opcion para solucionar sus problemas, llorar tampoco lo era.
Entonces comprendio que las musas eran lo que le daban el valor de seguir viviendo, y que a pesar de que las había herido profundamente (ya que eran seres muy sensibles, por algo son musas...), no merecían el trato que les había dado.
Tomó las llaves y avergonzado se dirigió hacia el lugar más lejano del cielo. Entonces se dijo
"¡Yo soy Dios!" y abrió la puerta. Las musas habían perdido la visión, de tanto llorar y dios se sintió sumamente avergonzado, nunca serían las mismas. No podrían contemplar la luz del arcoiris, ni la caída del sol... Sin embargo, al sentir la presencia de dios, corrieron en un fuerte abrazo. Dios se sentía indignado, era imposible que las musas lo siguieran quisiendo, a pesar de todo lo que había hecho. Entonces las tomó de la mano, y juntos fueron a explotar el cielo de alegria. Ese día Dios creó el mundo.