martes, 27 de enero de 2009

Fragmento de La Insoportable Levedad del Ser--- Milan Kundera

Segunda Parte (El alma y el cuerpo), Cap 4
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Cuando llegó el momento de casarse tenía nueve pretendientes. Todos se arrodillaban en círculo a su alrededor. Ella estaba en medio como una princesa y no sabía a cuál elegir: uno era más guapo, el segundo más gracioso, el tercero más rico, el cuarto más deportista, el quinto era de buena familia, el sexto recitaba versos, el séptimo había viajado por todo el mundo, el octavo tocaba violín y el noveno era de todos el más varonil. Pero todos estaban arrodillados del mismo modo y tenían los mismos callos en las rodillas.
Si al final eligió al noveno no fue tanto porque fuera de todos el más varonil, sino porque cuando ella le susurró al oído: " Ten cuidado, ten mucho cuidado!", mientras hacían el amor, él, intencionadamente, no tuvo cuidado y ella tuvo que casarse a toda prisa con él, porque no consiguió a tiempo un médico que le hiciera un aborto. Así nació Teresa. Los numerosisimos parientes vinieron de todos los rincones del país, se inclinaban sobre el cochecito y murmuraban. La madre de Teresa no murmuraba. Callaba. Pensaba en los otros ocho pretendientes y todos le parecían mejores que aquel noveno.
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