sábado, 15 de mayo de 2010

La química que estudia chino

Era menuda y pequeña, sencilla. La conocí en la clase de chino, mientras sonreía al explicarme como el símbolo se compaginaba con el sonido. Una mañana de mayo, me dijo que cargaba chancletas y un abrigo para abrirse camino hacia cartago. Que necesitaba perderse del mundo aunque fuera por una tarde. Yo, que estoy siempre al borde de darme la oportunidad de invitarme, decido acompañarla un trayecto, para salir del cemento y respirar aires fríos y verdes en la tímida ciudad de cartago.
Esta chica, estudiante de química e hija de un casi japonés que vende automotores al otro lado del mundo, no guarda palabra. Novia de un pianista que estudia en los Estados Unidos, se reune con él todas las noches para darse besos cibernéticos por skype; y los fines de semana alquilan la misma película y comen lo mismo para sentirse más cerca. Un novio a la antigua: se acerca un dia a su casa para pedirle el noviazgo y la mano a sus padres, no apresurando respuesta, sino solicitando el compromiso de una relación en crecimiento que los lleve años después al altar.
Y yo mientras la oigo pienso que es mágico lo que me comparte. Su norte está delineado y ahora es solo alcanzarlo. Y yo agradezco profundamente habermela encontrado.

1 comentario:

Adrián / cHoli / etc... dijo...

Curiosa posmodernidad