martes, 29 de junio de 2010

Mi experiencia con el chino

Mi primer beso fue en mi cumpleaños número veinte, con un chino que me daba serenatas en el vestíbulo de artes musicales. Tocaba la guitarra flamenca como nadie en esos tiempos, y me enamoré de sus dedos y de su forma ligadora de mirarme. Los amigos le decían el lagarto, por algo será y fumaba mucha mota. Por otra parte hablaba pésimo español, pero me bastaba con verlo tocar la guitarra para imaginarme como sería que un especimen así me tocara... yo que sé.
Este asiático resultó ser una alma libre que no quiso saber más de mi, que me mandó a la mierda horrible por messenger y a quien me topé hace un año vendiendo tiliches en una tienda china en San José centro. Lo saludé y luego me arrepentí de haberlo notado siquiera. Yo que me lo imaginaba en España o en algún lugar así, engañando oidos con deseos imposibles... Me lo llegúe a topar en un lugar irónicamente insospechado.
Y esa fue mi primera aproximación al chino, a la lengua que probé en estados etílicos excesivos en una calle de zapote, frente al registro nacional.
Mi segunda aproximación al chino fue este año, cuando decidí matricular el curso de chino intensivo en la Universidad, como último curso y como un intento por reactivar mi sistema cognitivo para plantear mi anteproyecto de tesis (jaja, ¡qué ingenua!).
Error de nuevo, el chino es un idioma demasiado difícil... ya debía creerle yo a las lenguas populares que cuando le hablan a uno en chino es porque le hablan en chino!!!! que no se entiende nada nada! Pero no, ahí estaba yo de nuevo, enfrentándome al mundo asiático con la lengua equivocada!

2 comentarios:

Roberto Boniche dijo...

Que historia más graciosa... Mucho respeto al idioma chino... =)

Tati dijo...

Jajajajajajajajajajaja buenísimo