lunes, 19 de julio de 2010

Alonsito


Alonsito es un niño envejecido. El más enérgico de sus compañeros de trabajo... bueno de sus dos trabajos. Gracias a dios, le dieron una segunda oportunidad después de haber sido despedido de su trabajo como vendedor de autos. Hace más de un año tiene dos trabajos. De lunes a viernes de 8 a 5:30 trabaja vendiendo autos, de martes a domingo de 7 a 11 p.m. es repartidor de Pizza Calientum. De este ultimo trabajo descuenta 2 atropellos, 85 lluvias, 15 neblinas, un intento de asalto y varias mujeres seductoras. También tiene clientes frecuentes. Hay un señor que vive en uno de los barrios más finos, en lo alto de la colina en Surubandú. Le gusta subir hasta allá porque cuando está de buenas le da propina. Además de que el paisaje es muy bonito.
La otra vez le pasó que era su última entrega de Pizza, en la casa de este cliente. Estuvo haciendo bromas con el otro repartidor mientras se ponía la capa y se amarraba las bolsas a los zapatos. Iba a llover y prefería ir preparado, no fuera que le agarrara tarde con la entrega de nuevo y le descontaran el dinero.
Agarró apresuradamente todo y se encaminó. De camino pensaba en los autos del cliente: dos pick up con llantas de tractor y con espejos laterales enormes.
Cuando llegó a la casa lo recibió el cliente amablemente. Mientras compartían comentarios de futbol, le entregó la factura, él le dio el dinero y le dijo que guardara el cambio. Pero justo cuando todo parecía perfecto Alonsito abrió el bolso rojo, contenedor de la pizza. Estaba vacío.

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