lunes, 27 de septiembre de 2010

Caballero

No es difícil distinguir a un caballero.
Más que los hay pocos.
Hay que ver que un caballero no mira como cualquier hombre,
Sabe sostener tu pensamiento en el aire.
Hay que ver como un caballero no se atreve a tocarte la voluntad de crecer,
sabe que a las mujeres se nos trata con el alma y el corazón.

Bus

Hoy la luz natural quería hacerte compañía a mi lado en el bus. Acallando el estruendo de nuestro ritmo cardíaco, comenzamos una conversación... pero con lenguaje no verbal de apareo. Primero yo miraba tus labios emitiendo tu seductora voz... lengua... dientes... saliva... mi boca echa mar. Yo me tocaba el cabello y le sonreía a tu mirada cómplice. Mis manos, inquietas y torpes, tus piernas rozando las mías. El calor de nuestra compatible polaridad, tu cuello irresistiblemente mordible, tu oreja lista para mi lengua melódica. Es que la ropa estorba... La vibra emergente de nuestra presencia en el bus, que nos transportaba a otra dimensión de lenguajes, la dificultad de nuestro autocontrol.
De pronto, en nuestro intento de contenernos las ganas, el silencio infinito... y luego la cobardía de sabernos incontrolables. La aburrida realidad de una estación cercana.
Ya no me atrevía a mirarte. Tampoco me atreví a bajarme contigo, perseguirte, detenerte y comerme tu lengua contra la pared.