jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Dónde esconderse?

En lo estático,
en lo cómodo,
en lo aburrido,
en el ICE,
en el banco,
en una oficina sin servicio al cliente,
en un cementerio,
en el baño de una iglesia en ruinas,
debajo de la mesa,
en la alacena,
en el zapato, a la par del dedo gordo del pie,
en un bostezo,
en un suspiro atragantado,
en el librero de un analfabeta,
en la lista de pendientes,
en el número pi.
No pude conciliar el sueño.
Cuando cerraba los ojos me despertaba desesperada porque ya no pensarías en mi.
No sentía tu respiración detrás de mi oreja, ni tu mano sostenía mi cintura.
Cada vez que desperté, mil veces, tu nombre venía a mi mente, y un llanto se atragantaba en mi corazón.
Perderte es dejar de existir.

Fado

He muerto en este recuerdo porque no te tengo.
Petrificada el alma llora tu partida,
despertando en mi el miedo,
el vacío que dejas en mi piel.
Junto los pedazos de mi propia prisión,
los lanzo al viento, plumas de colores,
silentes y livianas.
Y el frío me ve desnuda e inerte,
junto a un faro sin luz,
marea alta,
y una playa poblada de huellas de cangrejo ermitaño,
que es tu sudor marino esparcido en mi arena.

Tu sostienes mis sueños en tus ojos...

La marea alta acariciando la arena entre sus pies,
la luna flotando junto al movimiento de las olas,
latido de sal,
baile de nuestro misterioso abrazo,
mi universo, mi estrella sobreviviente.
La música de nuestras siluetas solitarias,
luz de amor eterno,
azul de fuente vital,
mi universo inventado, beso de sirena.
La voluntad de tomarnos la mano,
sutil provocación de enlace,
y en el fondo de tu ser mi universo,
mi único amor.

Posdata

Que trate de esquivarte las horas muertas,
la desidia de tu ausencia en mi recuerdo.
Que soplen las golondrinas tu soledad entre copas,
la fortuna incierta de lo inbebible.
Que me desnude cual fiera y me vista cual cenicienta,
que me desabroches la melancolía,
la miseria, la lejanía.
Que estas migajas que nos mandamos nos sirvan para olvidarnos mejor.