miércoles, 12 de enero de 2011

Pal sur


Para mis queridas amigas viajantes,
valientes,
voluntariosas.
Especialmente para Tania Paloma, Mía Flor y la Ceci.
Ustedes me enseñaron a vivir.
Gracias por darme esperanzas siempre y soñar con viajar con uds algún día de nuevo.


Un día me encontré un mapa de las Américas. Agarré mi mochila y me dije, vamonos pal sur. Con mis tennis roídos, un par de monedas en el bolsillo y la sonrisa pegada en el corazón me encaminé. Andando me topé a personas migrantes sureñas también, gente que buscaba el sol en otras miradas.
Me hice amiga de muchos, pero en especial de una florecilla guatemalteca y de una paloma de México. Caminando ellas habían llegado a mis tierras, llevaban sus historias tatuadas en la piel, los pies y los ojos. La florecilla quería entender porqué la gente en sus tierras desaparecía, porqué los pueblos originarios no guardan la memoria en la gente, sino en la ausencia inexplicable de mutilaciones. Ella quería dar amplificación a los susurros de las masas, conformar tejidos de colores. Fue entonces que sentí que debía encontrar mis explicaciones y tejer también. Ella me enseño su hilo y su aguja y yo construí los míos.
Paloma era un ave distinta. Su fuerza radicaba en el amor por enseñar caminos. Me explicó la ruta maya, los detalles del camino, las personas que me podrían dar su mano a cambio de mis experiencias. Ella sabía volar bajito y levantar sus enaguas para contemplar el mar desnuda. Sus brazos ergidos irradiaban la ternura de la virgencita de guadalupe. Y sus trenzas ancestrales no conocían el miedo.
Con ellas me encontré un par de ocasiones, porque los caminantes hacemos nuestro propio camino. Pero siempre que nos encontrábamos no habían despedidas, el hasta luego quedaba colgado de nuestras carcajadas valientes.
El sur es el camino del que siente su corazón latir con libertad.

2 comentarios:

Tati dijo...

Excelente!

andrés dijo...

Que bueno - fue algo que yo no me anime a hacer cuando se presento la poportunidad, cargar la mochila e ir a gastar suela.

No me pesa como un gran arrepentimiento pero muchas cosas me dicen que me perdi de grandes cosas!

Un beso