domingo, 20 de noviembre de 2011

El fantasma viviente

Hay que ver que no se que es peor, si un desaparecido, un muerto, un perdido, un exiliado o un desahuciado. Porque este fantasma que me visita por las noches con una llamada o que se aparece por mi puerta los sábados me provoca el querer olvidarle. Que quise mucho tiempo antes perdonarle porque lo llevo en la cara, lo llevo en la sangre y en el corazón. Pero él insiste en abrumarme con sus cegueras reclusas, con su equipaje desordenado y sucio, con sus cuatro paredes de zinc. Insiste en destrozarme el alma con sus muestras de poco afecto, su debilidad en la mirada y con su maldito silencio maldito.
No puedo con esto de que se burle de mis sentimientos, porque me provoca culpa de no poder entenderle, de no poder acercarme a abrazarlo, de seguirlo odiando como el primer día en que rechazo mi cariño. No se que hacer con este desapego que me provocas cada noche, cada vez que te pienso y recuerdo tu lejanía, tu abandono. No puedo soportar que me resquebraje el alma siempre, por eso le huyo... cuando me he intentado acercar de nuevo me aleja.
Yo quiero prometerme algo desde hoy, porque es mucho aguantarle y ya no quiero que me haga mas daño. Ya le di muchas oportunidades de que me quisiera, de que me diera alguna oportunidad él a mi. Yo ya no puedo permitirle que me bote mas. Tengo que dejarlo, alejarlo lo más posible. Ya perdió las oportunidades que tenía conmigo. Si él me dejó desde hace tanto tiempo no tengo porque seguirle buscando. Es masoquista para mi. Esta es la despedida. Ahora me toca elegir a mi.

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